Paseos y excursiones:
Exclusivo Club de Yates
Con los volcanes Osorno, Puntiagudo, Tronador y Calbuco como telón de fondo, la bahía de Frutillar reúne a los fanáticos del deporte de las velas que surcan las aguas del lago Llanquihue.
Resulta natural que un espejo de agua de tales dimensiones sea ideal para la práctica de deportes náuticos y la pesca deportiva, en donde el Club de Yates de Frutillar convoque a numerosos aficionados a estas actividades.
Visitamos sus instalaciones, donde una marina enrocada, con un calado de hasta dos metros, alberga una importante cantidad de embarcaciones que permanecen en el agua durante todo el año. Este detalle da cuenta del constante movimiento náutico del lugar. Un antiguo faro corona una de sus orillas y se ha transformado en un verdadero emblema de la institución.
En el club, la Cofradía Náutica de Frutillar lleva adelante su labor de gestión deportiva y formación a través de su escuela de vela. Con años de dedicación y trabajo sostenido, sus integrantes organizan regatas para distintos tipos de embarcaciones y categorías, abarcando diversas edades y niveles de experiencia.
Al consultar sobre las actividades, supimos que la escuela de vela cuenta con instructores capacitados y con embarcaciones Optimist de clase olímpica, especialmente elegidas para la enseñanza de niños y jóvenes por su seguridad, maniobrabilidad y similitud en las maniobras con veleros de mayor porte.
Los miembros de la cofradía, conocedores de los vientos y los ritmos de navegación según el oleaje, encuentran en el club un espacio de reunión para compartir charlas y momentos de camaradería. Al mismo tiempo, promueven normas de convivencia, respeto mutuo y cuidado del entorno natural.
Recorrimos el muelle, su restaurante y bar, una construcción íntegramente realizada con durmientes de madera de comienzos del siglo XX, que recrea un auténtico ambiente marinero. Abierto durante todo el año y al público general, el espacio invita a imaginar, en invierno, el fuego encendido de su gran chimenea y reuniones de amigos a su alrededor.
Salimos a navegar en la embarcación Colono, acompañados por las gaviotas que sobrevuelan la bahía y llegan desde el mar, dada la cercanía con Puerto Montt. La excursión permitió contemplar el Club de Yates desde el agua y disfrutar de la brisa y el sol de una apacible tarde de primavera.
De regreso, nos esperaba el amplio menú del restaurante La Cofradía, con propuesta de entradas, platos principales y una completa carta de bebidas. Junto al salón comedor y hacia el sector del muelle, un espacio confortable con amplios ventanales permite disfrutar de una copa de Barlovento Bar durante la temporada estival.
Es sabido que Frutillar es conocida por su tranquilidad y vida cultural. La navegación a vela no se queda atrás y se suma como una experiencia que invita a descubrir la ciudad desde otra perspectiva, combinando paisaje, deporte y gastronomía.
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