Karina Jozami
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Aysén es una de las regiones que parece preservar la mayoría de sus paisajes aún por descubrir. Su belleza casi inexplorada se puede intuir desde el camino austral que atraviesa toda la Patagonia chilena. Hay que entrar y animarse a descubrirla a fuerza de recorrer kilómetros y ciudades, al igual que sus costumbres gastronómicas, que se caracterizan por los asados al palo y los pescados y mariscos extraídos del litoral marítimo.
En nuestro recorrido por esta agreste geografía, conocimos dos lugares que hacen honor a la cocina chilena. Excelentes versiones de tradicionales menúes con salmones y frutos de mar y cuidados platos de las mesas patagónicas demuestran la esmerada propuesta de estos restaurantes que saben combinar calidad y servicio.
El reloj
Desde el año 1991, Ángel y Adriana abrieron este pequeño y exquisito restaurant en la ciudad de Coyhaique, donde funcionara el primer aserradero de la zona allá por la década del 60. Su nombre también tiene reminiscensias de la historia regional, ya que “el reloj” de la entrada fue traído por los colonos ingleses en el 1900. |
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La pasión por la cocina proviene de Adriana, con gran experiencia en el emblemático Hotel Carreras. En la actualidad, al frente de su propio restaurant y con varios premios en gastronomía regional, Adriana comparte el mando de la cocina con la joven chef Glenda.
La propuesta es retomar los productos regionales y apelar a recetas tradicionales utilizando técnicas de la cocina gourmet internacional.
Como no podía ser de otro modo, probamos todos los platos galardonados. De entrada: poema del salmón y la jaiba, una sopa crema de salmón con trozos de jaiba envueltos en finas láminas de salmón. También nos tentamos con el carpaccio de liebre. Como platos principales, además de la pierna de cordero, probamos un salmón aysenino con salsa de pujes. Brindamos con un sauvignon blanc de Casas del Toqui, que forma parte de la carta de vinos junto a las viñas Morandé, Ventisquero, Laura Hartwig y algunas bodegas emergentes exclusivas del restaurant.
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De postre, degustamos un poco de todo lo que lucía la petit mesa dulce preparada por Claudia, ayudante de Glenda.
Sin dudas, la cocina de El Reloj responde a los nuevos cánones que rescatan la identidad culinaria chilena, renovada y con algunos toques de sofisticación bien hechos. |
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El Muelle de Bob
La noche lluviosa y fría se transforma en una agradable y cálida velada en El Muelle.
Robert Golasky, o el gringo Bob como cariñosamente lo apodan sus amigos lugareños, desde el 2004 que vive en Puerto Aysén. Enamorado de la región, Bob decidió abrir el restaurant en una tradicional esquina, muy cerca del muelle de Aguas Muertas, que destruyó y reconstruyó con estilo.
Al frente de la cocina está una auténtica maestra chilena, Rosita. Junto a Bob, que se encarga de seleccionar cuidadosamente los productos y de adquirir distintas especias traídas de su Estados Unidos natal, Rosita refina su toque casero logrando excelentes platos chilenos. Primero saboreamos un cóctel de centolla y luego acepté la recomendación de probar el chupé de jaiba, simplemente delicioso. Acompañamos la cena con un cabernet de Ventisquero y de postre no pudimos negarnos a los picarones, una especie de buñuelo con masa de zapallo frita bañada en almíbar de azúcar negra, canela y naranja.
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Nos hubiese gustado volver a El Muelle para disfrutar de un happy hour al atardecer que, según Bob, son inolvidables, y también para degustar alguna propuesta vegetariana del menú, aunque definitivamente hubiese pedido otra vez chupé. |
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Gastronómico
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El Reloj: abierto de lunes a sábados desde la 21. Estacionamiento propio. Precio promedio por persona con bebida $ 12.000 (pesos chilenos).
El Muelle: restaurante y bar. Precio promedio por persona $ 22.-
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