Pablo Etchevers Pablo Etchevers (1) Jorge González (2)
Durante los años que duró la epopeya de la sal, vivir en la calle Baquedano significaba pertenecer a la clase aristocrática local. Hoy, como se la veía antaño, la calle fue adoquinada para frenar la velocidad de la modernidad y viajar al pasado.
La municipalidad la declaró “zona típica”, lo cual significa que para preservar el patrimonio histórico y arquitectónico no pueden reformarse las fachadas de las casas que dan sobre la calle ni tampoco modificarse los interiores sin el consentimiento de las autoridades locales. |
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Esta medida, aunque a muchos no guste, es una forma exitosa de proteger lo que todavía se mantiene en pie. Estas casas, que fueron edificadas en la última mitad del siglo XIX y los primeros años del XX, eran construidas con madera traída de Europa.
Generalmente de dos o más pisos, en su interior guardan patios en común que eran el lugar predilecto para los encuentros familiares. Además cuentan con innumerables habitaciones para las visitas, las cuales se alquilaban a conocidos cuando se encontraban libres. Esto ocasionó que abrieran sus puertas distintos hoteles y pensiones que alojaban a los trabajadores de la sal durante su estadía en la ciudad, lo cual llevó a que, con el tiempo, Baquedano se popularizara. |
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Hoy, la más turística
Sin embargo, la calle nunca perdió el lujo y la distinción de sus orígenes. Hoy sobre ella se llevan a cabo la mayoría de los espectáculos públicos de la ciudad y también es un lugar de encuentro de los más jóvenes que allí muestran su música, sus obras de teatro e incluso su danza. Los artesanos se han instalado de manera perfecta en ella y muestran sus mercancías e incluso las crean allí mismo. |
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Un grupo de fuentes de agua y plantas típicas se encarga de acompañar las casi quince cuadras de su recorrido que nace en el mar y muere, por decirlo de algún modo, también en el mar.
En ella, además de tomar algo en un bar o café, es posible almorzar y cenar en alguno de los típicos restaurantes que ofrecen la pesca del día así como también platos exóticos o cocina de autor. Y también sus museos y edificios históricos invitan a entrar para ver cómo era todo hace un tiempo.
Algunos murales de la época de oro del salitre muestran en sus paredes el sacrificio y el esfuerzo de sus trabajadores, mientras que un grupo de esculturas de sal, talladas por artistas locales, dejan ver la belleza pero también la dureza y lo inhumano de este material que tanto tuvo que ver con la historia de esta bella ciudad. |
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La calle Baquedano es un lugar muy especial que merece recorrerse durante todo un día. Se ubica en el barrio histórico de la ciudad y sobre ella es posible, además, contratar las mejores excursiones turísticas de Iquique y de toda la región del norte chileno.
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